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Mostrando entradas de 2013

POEMAS

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Sueño poemas que sobrevuelan los centros del poder y los bombardean a versos. Sueño que la palabra devuelve el pueblo al pueblo, pan a quien lo necesita y que nadie se queda sin un techo que le cobije. Sueño un poema que te trae de vuelta a mí, más allá del mar de vida que nos ha separado. Sueño poemas que no existen. *** El despertador vigila y marca la hora de la prosa que me devuelve a la cruda realidad.
No hay más versos que los tuyos.

CRUZANDO LÍNEAS

Frente al espejo del camerino se despoja del maquillaje gótico, las pestañas postizas y los colmillos de pega. Las botas de plataforma descansan en un rincón y todavía le pitan los oídos con los decibelios del concierto. "Satan is the king", su último éxito, lo que paga las facturas. Se hace una coleta, viste una americana y los zapatos finos.
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—Hola papá —saluda con un beso en la pálida frente—. ¿Cómo te encuentras hoy? —Mejor, hijo. Las enfermeras me han tratado como a un bebé. Ya casi no me duele. Y tu conferencia, ¿qué tal ha ido?
—El paraninfo estaba repleto, papá. Todo un éxito.

LECTURA EN EL VALLE DEL SILENCIO

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Yo lo hubiera llamado el Valle del Silencio, aunque no era su nombre en los mapas. Aldeas quietas donde la niebla podía ser la misma durante decenios y los mocosos parecían ser siempre los mismos niños. El ganado pastaba la misma hierba y los labriegos araban, una y otra vez, idénticos surcos. Desde que mi caballo decidiera descansar para siempre en una cuneta, había caminado con mi equipaje hasta dejar mis botas en penoso estado. Necesitaría de un zapatero antes de dejar atrás aquel lugar apartado de los dioses. La siguiente población, apenas una decena de casas de adobe y leña, me salió al paso tras una curva del rio en el momento en el que la noche se había apropiado de ella. Ni una moneda pesaba en mi bolsa, tendría que buscarme la vida en el villorrio. Las casas estaban cerradas con maderos y apenas escapaba alguna luz por las rendijas. Hasta el rio discurría sin ruido, perdí la esperanza de hallar cobijo y me preparé para una noche, otra, a la intemperie y con los pies helados, cu…

CIENO Y SANGRE

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El río está cerca. El terreno húmedo en el que se hunden mis pies no puede indicar otra cosa.  Me envuelve un permanente hedor a ciénaga que proviene de la espesura a mi alrededor. Deseo descansar, pero no puedo permitirme ese lujo. Me va la vida en ello. Si llego al poblado me salvo, sino lo alcanzo muero. Así es de sencilla la existencia en este paraje. Hace rato que se han amortiguado los sonidos de los animales, chillidos y aleteos que me inquietan. Tengo que detenerme o el corazón se abrirá paso a fuerza de golpes a través del pecho. Murmuro unas palabras que no consiguen pasar más allá de los labios y que tampoco me ofrecen consuelo. Las amplias hojas de una planta desconocida y que decoran la linde de este claro se apartan para dejarle paso. No es un cazador. Ninguno se colocaría un pectoral tan elaborado como ese para acechar presas, ni llevaría ese tocado tan llamativo o usaría una lanza de combate. Es un guerrero de ojos feroces en pleno desafío. Me ha encontrado y no se irá d…

CANCIÓN DE ACERO Y BARRO

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El martillo golpea el yunque con cadencia de penalidad. Atado está el herrero a la fragua del infame. Una vida de esclavo. Le da su esposa una daga inservible que él, en secreto, transforma en ternura de aleación a fuerza de mazazos. Canto de forja que transforma el arma en espada corta que, oculta entre sus ropas, acompaña y protege a la mujer y su pequeño por los caminos de la fuga.


Han pasado los años y Rapaz se ha convertido en un buen mozo que, de posada en posada, acompaña al laúd los versos de su madre, canción de amor perdido en letras de libertad que llaman a la rebelión.

YO RENIEGO...

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En el laboratorio clandestino, la doctora Hernández levanta el rostro del visor del potente microscopio. Parpadea para ajustar su visión al mundo al que pertenece, abandonando la ilusión de flotar entre moléculas. —¿Se da cuenta de lo que esto significa, doctor? Heisenberg asiente. Nadie lo comprende mejor que él, la única persona que ha ganado dos premios Nobel científicos: Física y Medicina. Y ha llegado a odiarlos de tal manera… Durante más de una década en la cresta de la ola se sintió como un dios. «Asclepio, Hermes, apartaos. Ha llegado Heisenberg. Solo yo he vencido a la enfermedad y a la muerte. Yo decodifiqué el secreto de la vida. Humanos, yo os he convertido en inmortales». Qué soberbia. Tan solo doscientos años después, superpoblación, la natalidad demonizada y el ocio convertido en vicio depravado. Se vio obligado a iniciar, en secreto, una nueva línea de investigación que no buscaba, sin embargo, un tercer Nobel… no quedaban tan altas miras sobre la faz de la Tierra.

La docto…

VUELTA A CASA

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Abro con mimo las sábanas y me meto  despacio. Busco su calor, el hueco de sus curvas conocidas que, inocentes, me dan calma en la tormenta. Deseo abandonarme al sueño mientras pienso que todo está en su sitio, que no hay víctimas, que no ha pasado nada malo. Quiero mirar su cara en el desayuno y comentar las noticias. Me prometo no volver a caer aunque sé que no lo cumpliré. Soy yo quien no está en paz; soy yo el que se acaba de frotar el olor a Chanel 5 en una ducha sigilosa.

BAILANDO CON TRAPOS

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Maricela silba una bachata y trastea inquieta por el cuartucho de limpieza. Ve en las bombillas los ojos de Gabriel, galán de telenovela con el que ha bailado la noche anterior. Sale contoneando las caderas y el paso amarrado a la cintura del carrito. Desaparecen dos mil metros cuadrados de baldosa y dejan paso a la cuadrícula en la que brilla una bola de discoteca. Qué elegancia, qué señorío. Gabriel la convierte en dama de Viena aunque aquello no sea vals, sino merengue tórrido que, sin avergonzarse, prende fuego a las entrañas. Sobre la pista, la pareja a solas. El palo de la fregona es su Gabriel, que difumina rutina sin papeles.

TODO POR EL PREMIO

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Lo primero que hizo al entrar en casa fue lanzar los zapatos a través del recibidor. Los tacones de aguja dieron tumbos por la tarima, anunciando su llegada. El bolso cayó, por casualidad, en el brazo correcto de la percha. La chaqueta, en cambio, llegó hasta el sofá del salón para las visitas. Tuvo que encender  algunas luces. La casa estaba en tinieblas salvo por los parpadeos intermitentes al fondo del pasillo. Desde la habitación de Alejandro (su  cubil, como lo llamaba ella), llegó un grito: «¡Muere maldito capullo!». Hoy era día de calificaciones escolares. Sabía que no debería estar preocupada. Alejandro era un buen estudiante… si tenía motivación. Nerea trabajaba duro en una jornada agotadora que, seis días a la semana, se prolongaba de sol a sol. Gracias a su abnegación —le encantaba la palabra, le hacía sentirse una madre mejor— podía dar a su hijo todo lo que ella, de niña, no pudo tener. «Si no suspendes más de una, tendrás un premio», le había dicho. Nunca le fallaba. Alej…

LA RAIZ DEL MAL

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El mecenas está entusiasmado enfundado en su traje de Armani. Las escalas, la armonía, los últimos compases son excelsos… Todo es nuevo y, a la vez, primigenio, tenebroso. —Se titula «La raíz del mal» —dice el compositor como si no hiciera falta decirlo—. Me he bañado en el pozo de la más abyecta perversión, la perfección de las tinieblas, para extraer nuevas formas. El banquero se encoge ante la mirada del compositor. Lo que ha intuido durante la audición en el carísimo estudio de grabación va cobrando forma en las pupilas del músico.
—Pero tú siempre has visto el lado luminoso del arte, eres una gran persona, tú… Espera, ¿Qué vas a hacer con esa batuta?

ESTACIÓN CARONTE

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Siempre había sido de clásicos, desde Debussy hasta Springsteen. Cualquiera lo diría. Uno de los Colonos, punta de lanza de la Humanidad durante la expansión, no disfrutaba de la «música de los sentidos». La consideraba falsa, electrónica pura, una droga cibernética. «No es verdadero arte, carece de sentimiento», debatía con quien se aviniese a tratar el tema durante una cerveza. Aislado en la Estación Caronte, más allá de toda esperanza, no tenía con quién discutir. Su único consuelo consistía en el libre acceso del sistema de audio. Más de siete terabytes de música digital a la vieja usanza, cientos de miles de álbumes con todos sus temas, sinfonías, arias, sonatas… Y, entre todas ellas, la banda sonora de su aislamiento: Wish you were here de Pink Floyd. Podía escucharla más de cinco veces al día, entre muchas otras, sin cansarse. Como desearía que estuvieras aquí…, una y otra vez, hasta la obsesión. La soledad era la más pesada de las paradojas, pues había constituido el motivo últ…

II PREMIO LITERARIO PLANETA DEAGOSTINI DE RELATO CORTO

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Es un día muy especial para mí y quiero compartirlo con todos vosotros. Hoy se ha hecho pública la relación de ganadores del II Premio Literario Planeta DeAgostini de relato corto para escritores noveles, en el que he tenido el honor de participar y ser elegido por el jurado como Segundo Premio por mi relato "Resistencia" que será publicado junto con el ganador y los demás finalistas en un libro que aparecerá junto con el fascículo 60 de la colección El Placer de Escribir de la misma editorial.



Vaya por delante mi enhorabuena al ganador, Manuel Garrido Hernández por "El proceso de Maillard", así como a los finalistas y al resto de participantes.


REEMPLAZO

La primera versión de este micro tenía un final diferente. El anciano volvía, encantado, a la llamada de la empresa. Creo que esta va más acorde a los tiempos actuales:
REEMPLAZO
Escupe el mondadientes tras el banco de herramientas del garaje. Le queda la Harley y el consuelo de que su pequeño Nicholas se ha convertido en un ingeniero de telecomunicaciones de la leche. «Cabrones, solo tengo sesenta y seis… tenía aún mucho que ofrecer a la empresa». Nick, el soldador, fue el primero. Le siguieron Jonás, Mike, el pedorro de Smitty… Todos retirados por máquinas de última generación y nombres extravagantes. Él había aguantado firme en su puesto, pero llegó la “Leviatán 200” y lo despidieron como a los demás. Suena el teléfono y lo coge con desgana.
—¿Volver al taller? […] ¿Un pirata informático? […] —Un solo vistazo a la Harley es suficiente—: Que le jodan… jefe.

DISPUTA TERRITORIAL

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—Y… ¿si lo echamos a suertes? —dijo Néstor, el de más edad, con la autoridad que, cree, le otorga la experiencia de los años. —Yo creo que sería mejor un sistema de turnos rotatorios. Hoy yo, mañana tú… —¿Por qué tú el primero, eh, eh? —Shelma interrumpió al tecnócrata de Julien. Era tan pedante… —No hay que olvidarse de David, al fin y al cabo, él estaba aquí primero… —Néstor hizo un gesto de condescendencia, como si esperase alabanzas por su magnanimidad. —Sst, sst, ocultáos. Dejad que hable David o Sigmund descubrirá que no está solo aquí dentro.


—Como sabe, señor Hanssen, estamos aquí para tratar su trastorno de personalidad múltiple —dijo el doctor.

CAZADORA DE SUEÑOS

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Beatriz deseaba, más que nada en este mundo, ser concertista de piano. «Escenarios, camerinos, entrevistas, ramos de flores…», pensaba. Estaba a las puertas de la adolescencia aunque todavía tenía frescos en su memoria los cuentos de la abuela Lola a la hora de acostarse. Su favorito: «El cazador de sueños», la historia de un apuesto joven que cabalgaba sobre los anhelos de las personas, haciéndolos realidad cuando le venía en gana. No había fantasía que se resistiera. La abuela decía que el cazador era la más esquiva de las presas y nadie podía doblegar su voluntad en provecho propio.
«¿Por qué no yo? ¿Acaso no soy la más lista de la clase?». Beatriz siempre cumplía sus tareas sin rechistar, obedecía en todo a sus mayores y nadie tenía queja sobre sus modales perfectos. Si alguien podía lograr lo imposible era ella misma.
Esa misma noche, cuando los ojos ya se le cerraban solos, se concentró en la imagen que se había formado con el fin de encontrarlo y hacerle llegar su petición. Pondr…

CUATRO ESCALONES

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Este micro quiero dedicárselo especialmente, además de a todos los habituales, a un buen amigo: Iñaki Fernandez del Rio. Sé que andas por ahí, entre las ramas de este árbol que habitamos, aunque te de corte saludar. Y si hay alguno que todavía no se ha dado a conocer está cordialmente invitado a hacerlo. Un saludo siempre es gratificante.

CUATRO ESCALONES


—Aquí Rojo Tres. Estoy en la escalera final. Tengo el objetivo a la vista. Repito: Puerta a la vista. Cambio. —Recibido. ¿Distancia al blanco? Cambio. —Rango Cuatro. Cambio. Me sudan las manos. Tan cerca… Resuenan las voces en los pasillos allá abajo: «¡Tres!». Ha estado cerca… Se acerca mi turno. Miro hacia arriba. He de conseguirlo. El equipo rojo depende de mí. Azul y amarillo han estado a punto de lograrlo. Allá voy… «¡Cuatro!». —Uno, dos, tres… y cuatro. Meto en casa y cuento diez.




FIN

LA BOCA DEL DIABLO

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«Esa rejilla es la mismísima boca del Diablo», pensó Oliver mientras se frotaba el pulgar del pie izquierdo. Al igual que en una docena de ocasiones anteriores. Daba igual que la recolocara. Cada poco tiempo, al salir de casa pues se encontraba delante de su portal, aparecía levantada lo justo para tropezar con ella. Oliver estaba convencido de que solo ocurría cuando él salía confiado.
Había presentado infinidad de quejas al Servicio Municipal de Alcantarillados. Sin respuesta. Una noche, harto de la situación y temiendo quedar cojo de por vida, forzó la entrada y se coló por la estrecha abertura con la intención de acabar con el problema. Nunca nadie volvió a saber de él.

LA TUMBA DEL HOMBRE SABIO

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Latidos. Son la marca perceptible de que el tiempo vuelve a mí. O, mejor dicho, de que yo regreso a su flujo constante. Abro de golpe los párpados, como el brazo de una balista al ser disparada. Veo mi reflejo en el ámbar que me envuelve. Son los ojos del dragón. El siguiente pestañeo me devuelve los míos. «Anál nathrach…». La imagen llena mi mente: Hálito de la serpiente. El conjuro de la creación. Ahora los recuerdos se desempañan. Nimué, aquella a la que los mortales llaman Dama del Lago, me encerró en esta caverna. «Anál nathrach, orth’ bháis’s bethad…» Hálito de la serpiente, encantamiento de muerte y vida… He de regresar. Arturo me necesita. Morgana… «Anál nathrach, orth’ bháis’s bethad, do chél dénmha». Una vez completo con el signo de creación, el ámbar se difumina. Puedo moverme con libertad. Mi bastón… debió llevárselo ella. «Yo te amo, Merlin…». Necia.
La luz del sol me daña cuando salgo de la gruta. Las rocas sagradas, el círculo perfecto de los druidas me rodea, así como una cac…

DERROTA DIARIA

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Ha sido un desastre. Ese maldito Wellington me la ha vuelto a jugar. No cometeré el error de culpar a mis mariscales de campo, Waterloo es mi responsabilidad y lo estoy pagando. Soy demasiado peligroso, un Emperador sin imperio exiliado en esta diminuta isla de Santa Elena. Llaman a la puerta y me levanto erguido aunque el dolor del costado hace que me lleve la mano a la pechera. Me encaro al hombretón de la espantosa camisola verde —debería exigir librea en el servicio— para escuchar, como todos los días:
—Su medicación, señor López.

VACÍO

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Todavía me duele su ausencia cuando camino por la calle y mi mano busca al costado la suya, tan pequeñita. Él habla, dice lo primero que se le pasa por la cabeza y yo contesto al vuelo. Hago como que sigo la conversación mientras pienso en mis cosas tan importantes. Ahora mi mano busca y no le encuentra. Escuece el vacío entre los dedos. La melodía del teléfono me saca del trance. He de cambiarla porque es la música que a él tanto le gustaba. Lo saco del bolsillo de la americana y pulso con desgana el botón de descolgar. El frío me paraliza y me quedo sin habla. Es imposible. No tenía teléfono. Qué estúpido soy. Nunca se lo compré porque nunca le veía lo bastante mayor como para tener uno. No puede ser porque él ya no está. Se me ha ido y me ha dejado tirado en el arcén de la impotencia. —¿Eres tú, hijo mío? Mi pequeño…
El teléfono me devuelve ese silencio que yo le daba a cambio de tanta devoción. Busco en la lista de llamadas recibidas. Está tan vacía como mi mano que intenta asir esa a…

DIARIO BORROSO

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No podía dejar de colgar este relato que es muy especial. La razón, una que no podré olvidar mientras viva: con él gané el Tintero Virtual. La sensación, increíble.
Espero que os guste.



Diario borroso
24/11/2008 Lunes.
Si hace cuarenta años me hubieran dicho que escribiría un diario habría dicho una burrada. Demasiado bien me conozco. No hago esto para dejar una historia anodina a la posteridad, ni para mis descendientes. Hace demasiado tiempo que no hablo con Laurita. ¿Por qué lo hago? Será lo primero que debo decidir. No me atrevo a acudir al médico. Me da mucho miedo lo que me pueda decir acerca de ese mal con nombre nórdico y que te arrebata lo que nadie más puede quitarte. No estoy segura, son solo indicios. Palabras que desaparecen de mi cabeza, citas a las que no acudo pese a estar apuntadas en el frigorífico… Por eso voy a escribir.
4/12/2008 Jueves.
Lo he estado demorando, luchando conmigo misma ante la página vacía. Si tengo tan claro el motivo por el que empecé este diario… ¿Por q…