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domingo, 25 de agosto de 2013

VACÍO


Todavía me duele su ausencia cuando camino por la calle y mi mano busca al costado la suya, tan pequeñita. Él habla, dice lo primero que se le pasa por la cabeza y yo contesto al vuelo. Hago como que sigo la conversación mientras pienso en mis cosas tan importantes. Ahora mi mano busca y no le encuentra. Escuece el vacío entre los dedos.
La melodía del teléfono me saca del trance. He de cambiarla porque es la música que a él tanto le gustaba. Lo saco del bolsillo de la americana y pulso con desgana el botón de descolgar.
El frío me paraliza y me quedo sin habla. Es imposible. No tenía teléfono. Qué estúpido soy. Nunca se lo compré porque nunca le veía lo bastante mayor como para tener uno. No puede ser porque él ya no está. Se me ha ido y me ha dejado tirado en el arcén de la impotencia.
—¿Eres tú, hijo mío? Mi pequeño…

El teléfono me devuelve ese silencio que yo le daba a cambio de tanta devoción. Busco en la lista de llamadas recibidas. Está tan vacía como mi mano que intenta asir esa ausencia aterradora.

domingo, 18 de agosto de 2013

DIARIO BORROSO


No podía dejar de colgar este relato que es muy especial. La razón, una que no podré olvidar mientras viva: con él gané el Tintero Virtual. La sensación, increíble.
Espero que os guste.



Diario borroso


24/11/2008 Lunes.


Si hace cuarenta años me hubieran dicho que escribiría un diario habría dicho una burrada. Demasiado bien me conozco. No hago esto para dejar una historia anodina a la posteridad, ni para mis descendientes. Hace demasiado tiempo que no hablo con Laurita. ¿Por qué lo hago? Será lo primero que debo decidir. No me atrevo a acudir al médico. Me da mucho miedo lo que me pueda decir acerca de ese mal con nombre nórdico y que te arrebata lo que nadie más puede quitarte.
No estoy segura, son solo indicios. Palabras que desaparecen de mi cabeza, citas a las que no acudo pese a estar apuntadas en el frigorífico… Por eso voy a escribir.

4/12/2008 Jueves.


Lo he estado demorando, luchando conmigo misma ante la página vacía. Si tengo tan claro el motivo por el que empecé este diario… ¿Por qué no he dejado nada en él todavía? Al menos esto no se me ha olvidado como de lo de llamar a la compañía de teléfonos para darme de baja. Demonios.
Mi último recuerdo de Juanjo es una placa de mármol en un paredón repleto. Sobre él, una mujer y a su derecha un joven fallecido en accidente. No es lo que debo recordar, sino Juanjo, sus caricias al descuido, la mantita en nuestros regazos compartiendo té y caja tonta. Es Toledo bajo el sol, con su absurdo sombrero. Son las fotos de nuestra boda y acordarnos de aquel borracho que casi se carga el banquete.
No puedo seguir hoy. Duele demasiado.

12/01/2009 Lunes.


He llorado mucho estas Navidades. Laurita no devolvió las llamadas y me he sentido abrumadoramente sola. Solo me quedan los recuerdos que no me ha quitado Al. Sí, le he dado un apelativo cariñoso ya que parece que tendremos que convivir, aunque siga sin atreverme a pedir un diagnóstico cierto. Como me aconsejen ir a terapia me da algo.
Recordar a mi Juanjo, ha sido grato aunque agridulce. Al final esto del diario servirá para algo. Quiero seguir atesorando mis memorias antes de que sea demasiado tarde, con la ventaja de poder ser selectiva. ¿Por qué almacenar los malos momentos? Si puedo elegir, me quedo con los buenos y así me convenzo a mí misma de su abundancia.
Es curioso que empezara a recordar a Juanjo frío, tras una lápida y después me vinieran a la piel sus caricias, que no por escasas estremecían menos.

18/02/2009


En el supermercado hoy he visto a Juanjo. No, claro que no era él, mi memoria se diluye, no me estoy volviendo loca. Pero al doblar una esquina entre latas de verduras he visto a un hombre de pelo cano y escaso, con la misma caída de hombros y que empujaba, cansino, su carro. Igual que él. Casi me da un tufarto de miocardio. He necesitado un rato para recuperar el latido y seguir adelante. Ahora no me lo puedo quitar de la cabeza.

20/02/2009 Viernes.


Me siento un poco tonta después de haber escrito el otro día lo del supermercado. Dios, cómo lo echo de menos. Si pudiera al menos hablar con Laurita… Ella podría ser lo que me mantuviera atada a este mundo. Podría contarme cosas de Juanjo, de cuando íbamos al parque o comíamos palomitas en el cine. Tiempos felices.
El doctor que me ha visto, después de perder varias citas apuntadas, me ha dicho que tendré también problemas con el lenguaje. Malas noticias.

15/03/2009 Domingo


He evitado escribir sobre Laurita. Ya dije que no lo haría sobre las cosas desagradables, pero necesito hacerlo ahora, porque me ha dejado tan sola con estos recuerdos que ahora se disipan como la niebla al sol.
Mi testarudez la alejó de mí. Ala, dicho está y nada de lo que escriba aquí podrá cambiar esa verdad. Que le den…

17/03/2007.


Estoy pidiendo perdón a este diario. Qué idiota.
No, quiero pedírselo a Laurita)… pero no me deja. Perdón, perdón. Ya no recuerdo por qué, pero pardoname. Te lo ruego. Lo necesito.

25 de abrir.


Leo lo que he escrito en estos papeles y no me reconozco. Está en mi cajón y no creo que esa muchacha morena que viene a hacer la casa lo haya dejado ahy. Ahora que estoy moviendo el boligrado por la página parece la misma letra.
Será mío, pero ya no tengo mucho más que escribir. Me adentraré en la niebla del olvido y será un alivio no tener que sufrir por Juanjo…

¿Quién es Juanjo?

domingo, 11 de agosto de 2013

ALGO MUY FELINO...

CURIOSIDAD

Cuando abrió el paquete ya le ardían los ojos. Tantos desvelos por preservar su contenido, las advertencias y el paraíso perdido se descargaron de golpe. Se le heló la piel en los brazos pues los peores presagios eran de seda en comparación con esta realidad. Intentó volver a cerrarlo pero era demasiado tarde. Pandora había cumplido su cometido.

domingo, 4 de agosto de 2013

IMPROVISANDO

—No puedo creer que le hayas roto un diente al jodido Atila en su propia tienda, y delante de toda su guardia —Teilar es capaz de reír hasta en el peor de los desastres—. Eres de lo que no hay Andru.
Maldita sea, cállate y da gracias a que pudiéramos salir con vida —Andru es tajante, pero la frialdad de sus palabras se derrite al instante dejando paso a una sonrisa—. El muy bastardo los tenía bien podridos.
A pesar de la fatiga, caminan envueltos en un halo de camaradería. Tal vez éste sea el golpe definitivo. El que los retire. No en vano viajar en el tiempo es una «profesión» arriesgada. Sin embargo, la alegría se corta en seco. Las losetas del suelo en el lugar de regreso elegido inician un cambio progresivo e imparable. En siete viajes no han tenido un Incidente, ni un roce sutil que pueda provocar alteraciones, aunque vuelvan con las manos vacías o un puñado de monedas sin valor. Los enfermizos hierbajos que sustituyen gradualmente al moderno enlosado son una mala señal. Muy mala. Un ominoso paisaje emerge ante sus ojos, trayendo humo sucio, una llovizna asquerosa y un cielo de color ceniza. El escenario cambia y no a mejor. Andru tarda tan solo unos segundos en reaccionar. El guerrero latente aflora gracias al duro acondicionamiento, anterior a su deserción. Se descuelga la mochila y extrae el dispositivo de viaje con escrupuloso cuidado. Evita tocar el botín. Aún envuelta en trapos, la hermosa daga engastada en piedras preciosas es extremadamente peligrosa. Lo deposita en el suelo y estudia lo que le queda de batería. Tras unos interminables segundos, en los que Teilar se muerde lo que le quedaba de uñas, Andru levanta la mirada hacia él desde la diminuta consola de control.
—No es grave. Nos queda como para ir y volver —Las arrugas que se han formado en su frente desmienten su aparentemente recuperado sosiego.
Por toda respuesta, Teilar no dice nada. «La vida perra te da los compañeros que te da. Y no hay más» piensa Andru a la par que lo palmea en uno de los hombros rocosos, buscando una reacción en su gigantesco compañero. Mientras, la temperatura desciende con brutalidad y en la lejanía un tableteo de armas cortas rasga el aire plomizo. Por fin, parece que Teilar reacciona y vuelve de donde quiera que su mente se hubiera atrincherado.
— ¿Qué hacemos ahora? —Atina a preguntar a la par que sus miembros tiemblan. Y no de frio… aún.

—Al carajo. Buscaremos un dentista.

De visita en el pueblo viejo

A menudo las tumbas abiertas parecen bocas que expelen un hedor insoportable. Otras veces, en cambio, son agujeros modestos que aguard...