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domingo, 29 de diciembre de 2013

POEMAS

Sueño poemas que sobrevuelan los centros del poder y los bombardean a versos. Sueño que la palabra devuelve el pueblo al pueblo, pan a quien lo necesita y que nadie se queda sin un techo que le cobije.
Sueño un poema que te trae de vuelta a mí, más allá del mar de vida que nos ha separado.
Sueño poemas que no existen.
***
El despertador vigila y marca la hora de la prosa que me devuelve a la cruda realidad.

No hay más versos que los tuyos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

CRUZANDO LÍNEAS


Frente al espejo del camerino se despoja del maquillaje gótico, las pestañas postizas y los colmillos de pega. Las botas de plataforma descansan en un rincón y todavía le pitan los oídos con los decibelios del concierto. "Satan is the king", su último éxito, lo que paga las facturas.
Se hace una coleta, viste una americana y los zapatos finos.

___________________________________________________

—Hola papá —saluda con un beso en la pálida frente—. ¿Cómo te encuentras hoy?
—Mejor, hijo. Las enfermeras me han tratado como a un bebé. Ya casi no me duele. Y tu conferencia, ¿qué tal ha ido?

—El paraninfo estaba repleto, papá. Todo un éxito.

domingo, 15 de diciembre de 2013

LECTURA EN EL VALLE DEL SILENCIO

Yo lo hubiera llamado el Valle del Silencio, aunque no era su nombre en los mapas. Aldeas quietas donde la niebla podía ser la misma durante decenios y los mocosos parecían ser siempre los mismos niños. El ganado pastaba la misma hierba y los labriegos araban, una y otra vez, idénticos surcos.
Desde que mi caballo decidiera descansar para siempre en una cuneta, había caminado con mi equipaje hasta dejar mis botas en penoso estado. Necesitaría de un zapatero antes de dejar atrás aquel lugar apartado de los dioses. La siguiente población, apenas una decena de casas de adobe y leña, me salió al paso tras una curva del rio en el momento en el que la noche se había apropiado de ella.
Ni una moneda pesaba en mi bolsa, tendría que buscarme la vida en el villorrio. Las casas estaban cerradas con maderos y apenas escapaba alguna luz por las rendijas. Hasta el rio discurría sin ruido, perdí la esperanza de hallar cobijo y me preparé para una noche, otra, a la intemperie y con los pies helados, cuando escuché un sonido fin, como de puerta abierta y rumor de pasos. No me costó localizar la edificación, por así llamarla, que daba señales de vida. ¿Una taberna? Tal vez dejaran dormir a un viajero solitario junto al fuego a cambio de una canción.
Empujé la puerta con el hombro y pasé al interior, apenas más cálido que el relente de la luna. Mi saludo apenas hizo girar un par de caras, la mitad de los parroquianos reunidos en torno a una mesa destartalada. No parecía haber un tabernero al cargo ni una mesa libre. La fuerza de la costumbre me llevó a descolgar el laúd y sacarlo de su funda con la esperanza de que su mera aparición iluminara el lugar. En cambio, continuaron bebiendo en silencio.
—¿Compartirán bebida y calor con este bardo de escasa fortuna? Un vaso de vino, un tarugo de pan mellado y un lugar junto al fuego a cambio de música e historias.
—Necesitas arreglos además de sustento, viajero —respondió uno que oteaba mi calzado con una mirada algo menos bovina.
—Tenéis ojo avispado, maese. Podéis llamarme Rapaz si os place. Viajo al Norte pero me hallo en apuros.
—No encontraréis oídos para vuestro arte aquí…, aunque tal vez podamos servirnos de ayuda mutua. Sin duda sabrás leer.
—En tres lenguas distintas. Es mi maldición.

***

Acepté su oferta de acompañarlo hasta su casa. Por el camino me contó que hacía una semana un jinete le había entregado una carta y necesitaba de alguien que se la leyera. Se sentó junto al fuego con una pieza de buen cuero y agujas para coser mis botas tras ofrecerme, a modo de pago anticipado, cerveza tibia y algo de queso compartido. Pasé la vista sobre el pergamino. La caligrafía era regular y limpia. No era lo que uno esperaba encontrar en semejante plaza. Aclaré la voz y me dispuse a leer.
—Querido hermano. Hace años que no sabemos uno del otro. Créeme cuando te digo que he tenido que esforzarme para hallarte, pues despareciste a conciencia. —Se suavizó el ceño de mi oyente, como si fuera una broma privada—. Te escribo desde Tudelium y será lo último que sepas de mí. Por desgracia, me aqueja una enfermedad que ninguno de los sanadores ha sabido tratar, causándome innumerables sufrimientos.
»Nos separamos con ira, sin compartir la misma visión y ambos dijimos cosas que, con el tiempo, he aprendido a lamentar. No es posible desandar el camino, pero quiero que sepas que siempre has estado en mis pensamientos, con la esperanza de que la vida te diera una segunda oportunidad como hizo conmigo.
»Has de saber que no conseguí mis propósitos y que la Corte no era lo que mis sueños me habían ofrecido. Puede que te digan que tuve parte en la conspiración contra nuestro buen rey Tadeo, mas no has de creerlo. Los cortesanos ávidos del favor del soberano lo predispusieron contra mí, a pesar de no contar con pruebas fidedignas. Presionado por el poderoso Primer Mayordomo me desterró, si bien le estoy agradecido por evitarme la pública ejecución. Aun tuvo el ánimo de proporcionarme los medios para una buena vida en el exilio.
»En las últimas horas de mi vida, he dispuesto que mi legado sea entregado a ti, en purga de mis actos pasados. Acompaño a esta misiva una bolsa de piedras preciosas para que puedas viajar hasta la ciudad. El Procurador Real te hará entrega de mi hacienda a tu llegada.
El hombre había dejado de coser, aunque me pareció ver un brillo en sus ojos que no tenía cuando lo encontré en aquel tugurio. Aproveché para añadir:
—Estoy seguro de que seguirás reacio a aprender los misterios de la lectura, por lo que recomiendo encarecidamente un dispendio adicional para quien el contenido de esta carta te haga llegar…

***
Las botas no se rompieron. Me proporcionaron buen servicio durante leguas sin fin y disfruté de buenos momentos merced a la esmeralda de fuego que añadió a mis honorarios, a pesar de que el bardo relator no fue del todo sincero.


domingo, 8 de diciembre de 2013

CIENO Y SANGRE


El río está cerca. El terreno húmedo en el que se hunden mis pies no puede indicar otra cosa.  Me envuelve un permanente hedor a ciénaga que proviene de la espesura a mi alrededor. Deseo descansar, pero no puedo permitirme ese lujo. Me va la vida en ello. Si llego al poblado me salvo, sino lo alcanzo muero. Así es de sencilla la existencia en este paraje. Hace rato que se han amortiguado los sonidos de los animales, chillidos y aleteos que me inquietan.
Tengo que detenerme o el corazón se abrirá paso a fuerza de golpes a través del pecho. Murmuro unas palabras que no consiguen pasar más allá de los labios y que tampoco me ofrecen consuelo.
Las amplias hojas de una planta desconocida y que decoran la linde de este claro se apartan para dejarle paso. No es un cazador. Ninguno se colocaría un pectoral tan elaborado como ese para acechar presas, ni llevaría ese tocado tan llamativo o usaría una lanza de combate. Es un guerrero de ojos feroces en pleno desafío. Me ha encontrado y no se irá de vacío.
No puedo evitar un paso atrás que mi oponente interpreta de forma correcta. Quiero evitar la confrontación, pero me será imposible. Dice algo que no entiendo, aunque tampoco necesito leer sus palabras para entender el reto. Como si quisiera reforzarlo, golpea la adarga con el asta de su arma y adopta una postura de lucha, poderosos muslos en tensión prestos a lanzarse a por mí. Se siente confiado; ejecuta unos molinetes por encima de su cabeza; se exhibe con una sonrisa de dientes tan blancos que le parte en dos el rostro.
Mi respiración se agita. Solo dispongo de una oportunidad para salir con vida del trance, aunque me pregunto si merece la pena intentarlo o si no será mejor dejarme matar aquí mismo. Peino canas y nadie me aguarda.
Mientras me muevo en círculos en imitación de sus maniobras, manteniendo las distancias por precaución, pienso en cederle el honor y que se lleve consigo el trofeo. Es un hombre joven, en la cúspide de su potencial. Leo la victoria en sus ojos. Si no fuera por su mueca burlona puede que me habría rendido… pero me siento incapaz, quiero seguir viviendo por mucho que carezca de motivación. Echo la mano al costado y extraigo el arma de su funda en un movimiento que nadie, menos mi rival, hubiera esperado de mí.
La detonación golpea los tímpanos sin piedad y anuncia a la selva la derrota del guerrero. Ha ido de poco. La bala ha impactado de refilón en el cuello grueso, a punto de perderse en la selva sin cumplir su designio, mas ha sido suficiente para destrozar una arteria vital que esparce sangre sobre el musgo y el lodo. Ahí queda su orgullo de luchador. No volverá a combatir.

Como he aceptado el desafío, considero justo tomar un trofeo. Podría haber sido yo quien se pudriera en el fango en su lugar. Me acerco al cuerpo en cuanto cesan los espasmos y arranco de su cuello los amuletos. No hay remordimiento cuando los arrojo al morral y parece un milagro sin sentido —¿Alguno lo tiene?— que no haya sangre que estropee las páginas inútiles de mi Biblia de pastor. No queda nadie interesado en mis prédicas, en este lugar sin Dios.

domingo, 1 de diciembre de 2013

CANCIÓN DE ACERO Y BARRO

El martillo golpea el yunque con cadencia de penalidad. Atado está el herrero a la fragua del infame. Una vida de esclavo.
Le da su esposa una daga inservible que él, en secreto, transforma en ternura de aleación a fuerza de mazazos. Canto de forja que transforma el arma en espada corta que, oculta entre sus ropas, acompaña y protege a la mujer y su pequeño por los caminos de la fuga.



Han pasado los años y Rapaz se ha convertido en un buen mozo que, de posada en posada, acompaña al laúd los versos de su madre, canción de amor perdido en letras de libertad que llaman a la rebelión.

martes, 26 de noviembre de 2013

YO RENIEGO...


En el laboratorio clandestino, la doctora Hernández levanta el rostro del visor del potente microscopio. Parpadea para ajustar su visión al mundo al que pertenece, abandonando la ilusión de flotar entre moléculas.
—¿Se da cuenta de lo que esto significa, doctor?
Heisenberg asiente. Nadie lo comprende mejor que él, la única persona que ha ganado dos premios Nobel científicos: Física y Medicina. Y ha llegado a odiarlos de tal manera…
Durante más de una década en la cresta de la ola se sintió como un dios. «Asclepio, Hermes, apartaos. Ha llegado Heisenberg. Solo yo he vencido a la enfermedad y a la muerte. Yo decodifiqué el secreto de la vida. Humanos, yo os he convertido en inmortales».
Qué soberbia. Tan solo doscientos años después, superpoblación, la natalidad demonizada y el ocio convertido en vicio depravado. Se vio obligado a iniciar, en secreto, una nueva línea de investigación que no buscaba, sin embargo, un tercer Nobel… no quedaban tan altas miras sobre la faz de la Tierra.


La doctora Hernández no oculta un sollozo poco científico. Han logrado identificar el agente molecular que, una vez liberado y sin posibilidad de redención, dará la bienvenida a la Muerte en nombre de la Humanidad.

domingo, 17 de noviembre de 2013

VUELTA A CASA

Abro con mimo las sábanas y me meto 
despacio. Busco su calor, el hueco de sus curvas conocidas que, inocentes, me dan calma en la tormenta. Deseo abandonarme al sueño mientras pienso que todo está en su sitio, que no hay víctimas, que no ha pasado nada malo. Quiero mirar su cara en el desayuno y comentar las noticias. Me prometo no volver a caer aunque sé que no lo cumpliré. Soy yo quien no está en paz; soy yo el que se acaba de frotar el olor a Chanel 5 en una ducha sigilosa.

domingo, 10 de noviembre de 2013

BAILANDO CON TRAPOS


Maricela silba una bachata y trastea inquieta por el cuartucho de limpieza. Ve en las bombillas los ojos de Gabriel, galán de telenovela con el que ha bailado la noche anterior. Sale contoneando las caderas y el paso amarrado a la cintura del carrito. Desaparecen dos mil metros cuadrados de baldosa y dejan paso a la cuadrícula en la que brilla una bola de discoteca. Qué elegancia, qué señorío. Gabriel la convierte en dama de Viena aunque aquello no sea vals, sino merengue tórrido que, sin avergonzarse, prende fuego a las entrañas. Sobre la pista, la pareja a solas. El palo de la fregona es su Gabriel, que difumina rutina sin papeles.

domingo, 3 de noviembre de 2013

TODO POR EL PREMIO


Lo primero que hizo al entrar en casa fue lanzar los zapatos a través del recibidor. Los tacones de aguja dieron tumbos por la tarima, anunciando su llegada. El bolso cayó, por casualidad, en el brazo correcto de la percha. La chaqueta, en cambio, llegó hasta el sofá del salón para las visitas. Tuvo que encender  algunas luces. La casa estaba en tinieblas salvo por los parpadeos intermitentes al fondo del pasillo. Desde la habitación de Alejandro (su  cubil, como lo llamaba ella), llegó un grito: «¡Muere maldito capullo!».
Hoy era día de calificaciones escolares. Sabía que no debería estar preocupada. Alejandro era un buen estudiante… si tenía motivación. Nerea trabajaba duro en una jornada agotadora que, seis días a la semana, se prolongaba de sol a sol. Gracias a su abnegación —le encantaba la palabra, le hacía sentirse una madre mejor— podía dar a su hijo todo lo que ella, de niña, no pudo tener. «Si no suspendes más de una, tendrás un premio», le había dicho. Nunca le fallaba. Alejandro se esforzaba cuando estaba debidamente incentivado aunque le hubiera gustado que, para variar, le pidiera un libro, que le llevara al zoo… cualquier cosa. «El Destroyer 5, Nerea, es lo más de lo más», le había contestado el muchacho. «Mamá…». «¿Qué?» «Que me llames mamá, Alejandro». «Pero es que te llamas Nerea…». Cansada, lo dejaba estar. Como siempre. Cuando tenía tres años le llamaba mamá. Ahora era, sencillamente, Nerea.
Se asomó a la habitación, sabedora de que Alejandro no había escuchado el ruido de los zapatos contra el zócalo.
—¿Hijo?
—…
—Ya estoy en casa. —Nerea agitó las manos.
Con un bufido de fastidio, Alejandro pulsó el botón de pausa y la miró con los ojos enrojecidos. «Ha estudiado demasiado, seguro», pensó Nerea. Sin decir nada, el chico tensó la mandíbula para señalar la mesita de estudio. Ese gesto era muy del bastardo de su padre. Si no se hubiera ido…
Cogió el papel y lo desdobló hasta convertir la bola arrugada en una superficie legible. Matemáticas, 5; lenguaje, 5; física, 5; inglés, 6… esa siempre se le había dado bien. No en vano su padre, piloto comercial, le había hablado en ese idioma desde que era un bebé. Además, los videojuegos le ayudaban a practicar.
Alejandro se quitó los auriculares que le permitían lo que él llamaba la «inmersión».
—Solo me ha quedado Educación Física, Nerea. Dame el premio.
Pensó que si tuviera tiempo le llevaría a un gimnasio. Aprendería a defenderse y haría ejercicio. Puede que hubiera engordado un poco. Tal vez  convendría limitar los bollos de chocolate…
—Aquí tienes, hijo. Te lo has ganado. ¿Me darás un beso esta vez?
—No seas moñas, Nerea. —Alejando ya estaba sacando el disco de la consola para introducir en su lugar, el del premio. El «Destroyer 5».

«He hecho bien en comprarlo de camino a casa. El chaval iba a cumplir, eso ya lo sabía. Estoy tan orgullosa…».

domingo, 27 de octubre de 2013

LA RAIZ DEL MAL


El mecenas está entusiasmado enfundado en su traje de Armani. Las escalas, la armonía, los últimos compases son excelsos… Todo es nuevo y, a la vez, primigenio, tenebroso.
—Se titula «La raíz del mal» —dice el compositor como si no hiciera falta decirlo—. Me he bañado en el pozo de la más abyecta perversión, la perfección de las tinieblas, para extraer nuevas formas.
El banquero se encoge ante la mirada del compositor. Lo que ha intuido durante la audición en el carísimo estudio de grabación va cobrando forma en las pupilas del músico.

—Pero tú siempre has visto el lado luminoso del arte, eres una gran persona, tú… Espera, ¿Qué vas a hacer con esa batuta?


domingo, 20 de octubre de 2013

ESTACIÓN CARONTE


Siempre había sido de clásicos, desde Debussy hasta Springsteen. Cualquiera lo diría. Uno de los Colonos, punta de lanza de la Humanidad durante la expansión, no disfrutaba de la «música de los sentidos». La consideraba falsa, electrónica pura, una droga cibernética. «No es verdadero arte, carece de sentimiento», debatía con quien se aviniese a tratar el tema durante una cerveza.
Aislado en la Estación Caronte, más allá de toda esperanza, no tenía con quién discutir. Su único consuelo consistía en el libre acceso del sistema de audio. Más de siete terabytes de música digital a la vieja usanza, cientos de miles de álbumes con todos sus temas, sinfonías, arias, sonatas… Y, entre todas ellas, la banda sonora de su aislamiento: Wish you were here de Pink Floyd. Podía escucharla más de cinco veces al día, entre muchas otras, sin cansarse. Como desearía que estuvieras aquí…, una y otra vez, hasta la obsesión. La soledad era la más pesada de las paradojas, pues había constituido el motivo último de su decisión de alistarse en la Tierra para terminar solo de nuevo. Lo absurdo de cruzar dieciséis radios galácticos para terminar sin ninguna compañía. Un virus, una bacteria alienígena. «¿Qué más da? Lo puñeteramente jodido es ser el único inmune entre una población de casi doce mil». Como desearía que estuvieras aquí. Si lo deseaba con mucha fuerza, tal vez…
Interrumpió su carrera con tal brusquedad que casi se cae. Frente a él, al otro lado del corredor Jota, donde acostumbraba a ejercitarse, parpadeó una muchacha. «Las personas no parpadean», pensó aturdido. Era como si rotara entre diversas apariencias hasta decidirse por una. «Que me aspen… es Mary Parker. Reconocería esa cara redonda y pecosa en cualquier lugar, pero…».
—Siempre hemos estado aquí, pero no habíais mirado bien —dijo la muchacha.
—Eres imposible —contestó él cuando por fin recuperó el habla—. Estoy seguro de ser el único humano en la Estación Caronte —jodido nombre— después de más de un año desde el desastre.
Ahora la veía con nitidez, le miraba con la cabeza ladeada y sin parpadear.
—No te falta razón. No soy humana ni el fruto de tu imaginación de asceta. Soy la última representante de la especia que ha habitado este planeta durante generaciones, extinguida por una enfermedad que vino, con vosotros, del espacio.
—¿Por qué no os comunicasteis antes?
 —Lo hicimos, pero no supisteis escuchar. Ahora tu deseo de que estuviera aquí me ha dado el cuerpo con el que tus sentidos son accesibles a mi realidad. Es tarde para todos los demás, los tuyos y los míos, mas no es tarde para mí. No tenemos por qué estar solos nunca más.

La estupefacción dio paso a una sonrisa de lágrimas y agradecimiento. Por una vez en su triste vida, un deseo, a base de machacarlo, se había hecho realidad. Buscó de nuevo el tema en el reproductor y pulsó Play.

Imagen propiedad: NASA/JPL

Dedicado a mi buena amiga Linn, al otro lado del Atlántico. DJ Ultra still alive. 

jueves, 17 de octubre de 2013

II PREMIO LITERARIO PLANETA DEAGOSTINI DE RELATO CORTO



Es un día muy especial para mí y quiero compartirlo con todos vosotros. Hoy se ha hecho pública la relación de ganadores del II Premio Literario Planeta DeAgostini de relato corto para escritores noveles, en el que he tenido el honor de participar y ser elegido por el jurado como Segundo Premio por mi relato "Resistencia" que será publicado junto con el ganador y los demás finalistas en un libro que aparecerá junto con el fascículo 60 de la colección El Placer de Escribir de la misma editorial.




Vaya por delante mi enhorabuena al ganador, Manuel Garrido Hernández por "El proceso de Maillard", así como a los finalistas y al resto de participantes.



domingo, 13 de octubre de 2013

REEMPLAZO

La primera versión de este micro tenía un final diferente. El anciano volvía, encantado, a la llamada de la empresa. Creo que esta va más acorde a los tiempos actuales:

REEMPLAZO

Escupe el mondadientes tras el banco de herramientas del garaje. Le queda la Harley y el consuelo de que su pequeño Nicholas se ha convertido en un ingeniero de telecomunicaciones de la leche. «Cabrones, solo tengo sesenta y seis… tenía aún mucho que ofrecer a la empresa».
Nick, el soldador, fue el primero. Le siguieron Jonás, Mike, el pedorro de Smitty… Todos retirados por máquinas de última generación y nombres extravagantes. Él había aguantado firme en su puesto, pero llegó la “Leviatán 200” y lo despidieron como a los demás.
Suena el teléfono y lo coge con desgana.

—¿Volver al taller? […] ¿Un pirata informático? […] —Un solo vistazo a la Harley es suficiente—: Que le jodan… jefe.

domingo, 6 de octubre de 2013

DISPUTA TERRITORIAL


—Y… ¿si lo echamos a suertes? —dijo Néstor, el de más edad, con la autoridad que, cree, le otorga la experiencia de los años.
—Yo creo que sería mejor un sistema de turnos rotatorios. Hoy yo, mañana tú…
—¿Por qué tú el primero, eh, eh? —Shelma interrumpió al tecnócrata de Julien. Era tan pedante…
—No hay que olvidarse de David, al fin y al cabo, él estaba aquí primero… —Néstor hizo un gesto de condescendencia, como si esperase alabanzas por su magnanimidad.
—Sst, sst, ocultáos. Dejad que hable David o Sigmund descubrirá que no está solo aquí dentro.



—Como sabe, señor Hanssen, estamos aquí para tratar su trastorno de personalidad múltiple —dijo el doctor.


domingo, 29 de septiembre de 2013

CAZADORA DE SUEÑOS


Beatriz deseaba, más que nada en este mundo, ser concertista de piano. «Escenarios, camerinos, entrevistas, ramos de flores…», pensaba. Estaba a las puertas de la adolescencia aunque todavía tenía frescos en su memoria los cuentos de la abuela Lola a la hora de acostarse. Su favorito: «El cazador de sueños», la historia de un apuesto joven que cabalgaba sobre los anhelos de las personas, haciéndolos realidad cuando le venía en gana. No había fantasía que se resistiera. La abuela decía que el cazador era la más esquiva de las presas y nadie podía doblegar su voluntad en provecho propio.

«¿Por qué no yo? ¿Acaso no soy la más lista de la clase?». Beatriz siempre cumplía sus tareas sin rechistar, obedecía en todo a sus mayores y nadie tenía queja sobre sus modales perfectos. Si alguien podía lograr lo imposible era ella misma.

Esa misma noche, cuando los ojos ya se le cerraban solos, se concentró en la imagen que se había formado con el fin de encontrarlo y hacerle llegar su petición. Pondría morritos si era preciso; nadie resistía sus mohines. Su propio padre, tan severo, nunca lo hacía si tal era el propósito de Beatriz.

En el momento en que la conciencia de estar soñando se torna sólida, ya estaba sobre la pista. Las huellas que el joven había dejado en las nubes que pisaba eran diáfanas. Hasta una niña podría seguirlas. Se imaginó montando un caballo blanco con unas espléndidas alas del mismo color y de pronto estaba sobrevolando los cirros y los cúmulos. Unos conejos azules que correteaban por allí, señalaron con las orejas la dirección que había tomado el perseguido. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Avanzó deprisa. Beatriz se impuso a esos momentos oníricos en los que te mueves sin avanzar pues su tenacidad le impulsaba mejor que cualquier vehículo imaginable. El horizonte de nubes desapareció de forma brusca y se bamboleó con las puntas de los pies al borde del abismo. Bajo sus pies, una hierba de tonos violáceos se cimbreaba al viento. Pegaso había desaparecido también y no se veía a nadie alrededor, lo cual incluía al propio Cazador. «No lo necesito», pensó y alzó el vuelo con el mero poder de su voluntad. Contempló, maravillada, cómo se alejaba otra vez el suelo, los árboles convertidos en arbustos y después en matojos. Llevó a cabo varias piruetas; era fantástico poder maniobrar en el aire, sin ataduras.

La conclusión era obvia. Aquel mundo era su creación y en él era todopoderosa. No necesitaba siquiera volar por mucho que resultara delicioso. Simplemente, pensó en estar junto al Cazador y al instante siguiente, lo tenía a su lado.

—Eres pertinaz como la lluvia, niña bonita —aquel joven la miraba de arriba abajo y se pasaba la lengua por los labios, en un gesto que no comprendía pero que le desagradaba—. Puedo hacer tu sueño realidad pero antes tendrás que hacer algunas cosas para mí…

Solo tuvo que desear tener una pistola cargada antes de vaciar el cargador.

***

A diferencia de lo que suele ocurrir con los sueños, cuando despertó por la mañana, conservaba un recuerdo detallado de lo sucedido. Mientras desayunaba, taciturna, dedicó unos minutos a meditar sobre ello y llegó a la conclusión de que tita Lola tenía que saber lo sucedido. Corrió hasta el teléfono y marcó con ansiedad los números.

—Abuelita, esta noche he perseguido al Cazador de los Sueños… —Beatriz no podía contener su entusiasmo cuando por fin se estableció la llamada.

—De modo, hija mía, que tienes un anhelo importante… ¿quieres contármelo?

—Quería ser concertista de piano, abuelita, lo quería más que nada en este mundo. Por eso fui a buscar al Cazador.

—Pero hija mía… lo que has de hacer es matricularte en el conservatorio y poner en los estudios el mismo empeño que has puesto en esta cacería, olvidarte de los chicos…

Beatriz soportó estoicamente el sermón. Lo que la abuelita no le había dejado que terminara de contar es que ya no quería ser pianista. Ahora tenía algo mejor. Mucho mejor.



FIN

domingo, 22 de septiembre de 2013

CUATRO ESCALONES


Este micro quiero dedicárselo especialmente, además de a todos los habituales, a un buen amigo: Iñaki Fernandez del Rio. Sé que andas por ahí, entre las ramas de este árbol que habitamos, aunque te de corte saludar. Y si hay alguno que todavía no se ha dado a conocer está cordialmente invitado a hacerlo. Un saludo siempre es gratificante.

CUATRO ESCALONES


—Aquí Rojo Tres. Estoy en la escalera final. Tengo el objetivo a la vista. Repito: Puerta a la vista. Cambio.
—Recibido. ¿Distancia al blanco? Cambio.
—Rango Cuatro. Cambio.
Me sudan las manos. Tan cerca…
Resuenan las voces en los pasillos allá abajo: «¡Tres!». Ha estado cerca…
Se acerca mi turno. Miro hacia arriba. He de conseguirlo. El equipo rojo depende de mí. Azul y amarillo han estado a punto de lograrlo.
Allá voy… «¡Cuatro!».
—Uno, dos, tres… y cuatro. Meto en casa y cuento diez.




FIN

domingo, 15 de septiembre de 2013

LA BOCA DEL DIABLO


«Esa rejilla es la mismísima boca del Diablo», pensó Oliver mientras se frotaba el pulgar del pie izquierdo. Al igual que en una docena de ocasiones anteriores.
Daba igual que la recolocara. Cada poco tiempo, al salir de casa pues se encontraba delante de su portal, aparecía levantada lo justo para tropezar con ella. Oliver estaba convencido de que solo ocurría cuando él salía confiado.

Había presentado infinidad de quejas al Servicio Municipal de Alcantarillados. Sin respuesta.
Una noche, harto de la situación y temiendo quedar cojo de por vida, forzó la entrada y se coló por la estrecha abertura con la intención de acabar con el problema.
Nunca nadie volvió a saber de él.

domingo, 8 de septiembre de 2013

LA TUMBA DEL HOMBRE SABIO

Latidos. Son la marca perceptible de que el tiempo vuelve a mí. O, mejor dicho, de que yo regreso a su flujo constante. Abro de golpe los párpados, como el brazo de una balista al ser disparada. Veo mi reflejo en el ámbar que me envuelve. Son los ojos del dragón. El siguiente pestañeo me devuelve los míos.
«Anál nathrach…».
La imagen llena mi mente: Hálito de la serpiente. El conjuro de la creación. Ahora los recuerdos se desempañan. Nimué, aquella a la que los mortales llaman Dama del Lago, me encerró en esta caverna.
«Anál nathrach, orth’ bháis’s bethad…»
Hálito de la serpiente, encantamiento de muerte y vida…
He de regresar. Arturo me necesita. Morgana…
«Anál nathrach, orth’ bháis’s bethad, do chél dénmha».
 Una vez completo con el signo de creación, el ámbar se difumina. Puedo moverme con libertad. Mi bastón… debió llevárselo ella. «Yo te amo, Merlin…». Necia.

La luz del sol me daña cuando salgo de la gruta. Las rocas sagradas, el círculo perfecto de los druidas me rodea, así como una cacofonía de voces extrañas. Sin el bastón apenas tengo acceso a mi poder pero puedo entender las lenguas. Es la sangre de dragón.
Insólitos ropajes. Camisas floreadas y pantalones cortos. Y unas cajas a las que se quedan mirando sonrientes hasta que destella una luz.
Un estruendo. El sonido persigue a un leviatán gigantesco que ruge sobre nuestras cabezas. Solo yo me encojo esperando el ataque.  Tengo que erguirme y caminar. He llamado demasiado la atención. A duras penas recupero la compostura, pues he de encontrar al rey. Necesita mi ayuda para sanar la tierra.

Retorno a la caverna. Solo han transcurrido unas horas y el resultado es desolador. He necesitado toda mi ciencia para comprender. Nimué me encerró más allá del alcance del tiempo, allende los siglos. Ahora Albión sangra y sufre bajo el legado del Hombre mientras aguarda el regreso de Arturo. Así fue profetizado aunque Avalón está clausurada y la espada perdida. Empiezo a pensar que ni el rey con Excalibur ni yo con todo mi poder podríamos salvar este mundo.
«Anál nathrach…». 

domingo, 1 de septiembre de 2013

DERROTA DIARIA

Ha sido un desastre. Ese maldito Wellington me la ha vuelto a jugar. No cometeré el error de culpar a mis mariscales de campo, Waterloo es mi responsabilidad y lo estoy pagando. Soy demasiado peligroso, un Emperador sin imperio exiliado en esta diminuta isla de Santa Elena.
Llaman a la puerta y me levanto erguido aunque el dolor del costado hace que me lleve la mano a la pechera. Me encaro al hombretón de la espantosa camisola verde —debería exigir librea en el servicio— para escuchar, como todos los días:

—Su medicación, señor López.

domingo, 25 de agosto de 2013

VACÍO


Todavía me duele su ausencia cuando camino por la calle y mi mano busca al costado la suya, tan pequeñita. Él habla, dice lo primero que se le pasa por la cabeza y yo contesto al vuelo. Hago como que sigo la conversación mientras pienso en mis cosas tan importantes. Ahora mi mano busca y no le encuentra. Escuece el vacío entre los dedos.
La melodía del teléfono me saca del trance. He de cambiarla porque es la música que a él tanto le gustaba. Lo saco del bolsillo de la americana y pulso con desgana el botón de descolgar.
El frío me paraliza y me quedo sin habla. Es imposible. No tenía teléfono. Qué estúpido soy. Nunca se lo compré porque nunca le veía lo bastante mayor como para tener uno. No puede ser porque él ya no está. Se me ha ido y me ha dejado tirado en el arcén de la impotencia.
—¿Eres tú, hijo mío? Mi pequeño…

El teléfono me devuelve ese silencio que yo le daba a cambio de tanta devoción. Busco en la lista de llamadas recibidas. Está tan vacía como mi mano que intenta asir esa ausencia aterradora.

domingo, 18 de agosto de 2013

DIARIO BORROSO


No podía dejar de colgar este relato que es muy especial. La razón, una que no podré olvidar mientras viva: con él gané el Tintero Virtual. La sensación, increíble.
Espero que os guste.



Diario borroso


24/11/2008 Lunes.


Si hace cuarenta años me hubieran dicho que escribiría un diario habría dicho una burrada. Demasiado bien me conozco. No hago esto para dejar una historia anodina a la posteridad, ni para mis descendientes. Hace demasiado tiempo que no hablo con Laurita. ¿Por qué lo hago? Será lo primero que debo decidir. No me atrevo a acudir al médico. Me da mucho miedo lo que me pueda decir acerca de ese mal con nombre nórdico y que te arrebata lo que nadie más puede quitarte.
No estoy segura, son solo indicios. Palabras que desaparecen de mi cabeza, citas a las que no acudo pese a estar apuntadas en el frigorífico… Por eso voy a escribir.

4/12/2008 Jueves.


Lo he estado demorando, luchando conmigo misma ante la página vacía. Si tengo tan claro el motivo por el que empecé este diario… ¿Por qué no he dejado nada en él todavía? Al menos esto no se me ha olvidado como de lo de llamar a la compañía de teléfonos para darme de baja. Demonios.
Mi último recuerdo de Juanjo es una placa de mármol en un paredón repleto. Sobre él, una mujer y a su derecha un joven fallecido en accidente. No es lo que debo recordar, sino Juanjo, sus caricias al descuido, la mantita en nuestros regazos compartiendo té y caja tonta. Es Toledo bajo el sol, con su absurdo sombrero. Son las fotos de nuestra boda y acordarnos de aquel borracho que casi se carga el banquete.
No puedo seguir hoy. Duele demasiado.

12/01/2009 Lunes.


He llorado mucho estas Navidades. Laurita no devolvió las llamadas y me he sentido abrumadoramente sola. Solo me quedan los recuerdos que no me ha quitado Al. Sí, le he dado un apelativo cariñoso ya que parece que tendremos que convivir, aunque siga sin atreverme a pedir un diagnóstico cierto. Como me aconsejen ir a terapia me da algo.
Recordar a mi Juanjo, ha sido grato aunque agridulce. Al final esto del diario servirá para algo. Quiero seguir atesorando mis memorias antes de que sea demasiado tarde, con la ventaja de poder ser selectiva. ¿Por qué almacenar los malos momentos? Si puedo elegir, me quedo con los buenos y así me convenzo a mí misma de su abundancia.
Es curioso que empezara a recordar a Juanjo frío, tras una lápida y después me vinieran a la piel sus caricias, que no por escasas estremecían menos.

18/02/2009


En el supermercado hoy he visto a Juanjo. No, claro que no era él, mi memoria se diluye, no me estoy volviendo loca. Pero al doblar una esquina entre latas de verduras he visto a un hombre de pelo cano y escaso, con la misma caída de hombros y que empujaba, cansino, su carro. Igual que él. Casi me da un tufarto de miocardio. He necesitado un rato para recuperar el latido y seguir adelante. Ahora no me lo puedo quitar de la cabeza.

20/02/2009 Viernes.


Me siento un poco tonta después de haber escrito el otro día lo del supermercado. Dios, cómo lo echo de menos. Si pudiera al menos hablar con Laurita… Ella podría ser lo que me mantuviera atada a este mundo. Podría contarme cosas de Juanjo, de cuando íbamos al parque o comíamos palomitas en el cine. Tiempos felices.
El doctor que me ha visto, después de perder varias citas apuntadas, me ha dicho que tendré también problemas con el lenguaje. Malas noticias.

15/03/2009 Domingo


He evitado escribir sobre Laurita. Ya dije que no lo haría sobre las cosas desagradables, pero necesito hacerlo ahora, porque me ha dejado tan sola con estos recuerdos que ahora se disipan como la niebla al sol.
Mi testarudez la alejó de mí. Ala, dicho está y nada de lo que escriba aquí podrá cambiar esa verdad. Que le den…

17/03/2007.


Estoy pidiendo perdón a este diario. Qué idiota.
No, quiero pedírselo a Laurita)… pero no me deja. Perdón, perdón. Ya no recuerdo por qué, pero pardoname. Te lo ruego. Lo necesito.

25 de abrir.


Leo lo que he escrito en estos papeles y no me reconozco. Está en mi cajón y no creo que esa muchacha morena que viene a hacer la casa lo haya dejado ahy. Ahora que estoy moviendo el boligrado por la página parece la misma letra.
Será mío, pero ya no tengo mucho más que escribir. Me adentraré en la niebla del olvido y será un alivio no tener que sufrir por Juanjo…

¿Quién es Juanjo?

De visita en el pueblo viejo

A menudo las tumbas abiertas parecen bocas que expelen un hedor insoportable. Otras veces, en cambio, son agujeros modestos que aguard...