En el laboratorio clandestino, la doctora Hernández
levanta el rostro del visor del potente microscopio. Parpadea para ajustar su
visión al mundo al que pertenece, abandonando la ilusión de flotar entre
moléculas.
—¿Se da cuenta de lo que esto
significa, doctor?
Heisenberg asiente. Nadie lo
comprende...
