Pages

domingo, 19 de enero de 2014

AIRE PARA RECORDAR

La Guardia le sigue de cerca. Sabe, por instinto, que no debe demorarse y, sin embargo, no puede evitar salir de la calzada y caer de rodillas.
Pasado el mal trago, cuando va a reanudar la marcha, descubre ante él a una anciana de mirada triste, surgida de ninguna parte.
—Rapaz, si vas a llevar contigo algo de tu tierra, llena este frasco. —La voz de la mujer es consuelo, caricia de una madre, mientras le entrega dos recipientes.
—¿Y el otro?
—Es para que guardes aire cargado de sal, de historias de tu gente, del mar…


Muchas leguas después, mientras rebusca en su zurrón, se percata de que no le había dicho su nombre…


4 comentarios:

  1. Otro relato que me resulto muy interesante, me gusta el carácter. Besos y un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu visita Linn. Rapaz hará nuevas visitas por todas las posadas. Besos y abrazos.

      Eliminar
  2. En algo coincidimos Rapaz y yo. Ambos recogemos historias, sueños, suspiros… y los guardamos en frascos de cristal. Él los halla en el aire, yo en la arena que transporta el viento o el mar.

    Besos y abrazos para Rapaz y para ti.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo que nos llevamos en el zurrón y nos acompaña toda la vida. Gracias, una vez más.
      Besos (de Rapaz y de mí) :)

      Eliminar

Regocijo

Hilaria se abrió paso en silencio entre las que rodeaban el cadáver. Bajo el sol del mediodía, una miríada de insectos volaban ya sobr...