Melisa eligió a un tipo de lo más normal; no descartaría ningún cliente a
esas horas de un domingo, un día de poco meneo y con la renta del cuchitril a
punto de vencer. Por cien pavos le haría lo que fuera; a fin de cuentas no era
un sesentón baboso de gustos extravagantes, sino un hombre corriente.
—Hola,...
